A vueltas con Paul Thomas Anderson

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Navegando por la web Las horas perdidas, veo que el nuevo proyecto de Paul Thomas Anderson, The Master, va tomando forma poco a poco. Y lo primero que hago es celebrar que uno de los tipos más interesantes del panorama audiovisual estadounidense vaya a ponerse manos a la obra dentro de poco. Y lo segundo es preguntarme por qué coño no escribo algo sobre este tipo en Goles&Palomitas. Y lo tercero es ponerme a ello. Así que, con ustedes, mi personal e intransferible opinión sobre P.T. Anderson.

Lo primero de todo, las cartas sobre la mesa. No he conseguido ver su opera prima, Sidney, porque no la he encontrado en ningún sitio. Anunciada esta laguna, diré que las demás pelis de este señor hacen de él un cineasta controvertido, raro, original, a veces genial, a veces pesado. A mí me encanta por varias razones. La primera de ellas, porque creo que tiene un conocimiento del lenguaje cinematográfico y un talento para servirse de él desproporcionados. No se me ocurren muchos nombres de gente de su quinta que dominen con tanta soltura y tanto genio los recursos audiovisuales. Cuando ves una producción de Anderson, piensas que detrás de las imágenes proyectadas hay un tío que, como dice Roger Ebert, tiene más de tres ideas cuando se coloca detrás de una cámara.

Su carrera avanza con su estilo. No estamos ante alguien monolítico. Sus propuestas han progresado, han explorado caminos distintos. Su última película se parece poco a sus inicios. Y creo que así debe ser. Su cine muta, de manera gradual. Y no todas sus partes. Su pulso estético y sus preocupaciones temáticas y narrativas siguen siempre ahí. Pero Anderson tan pronto presenta un trabajo multitextual como un proyecto más cercano a la tradición audiovisual clásica (del Hollywood clásico, Candel…). Para ejemplificar todas estas cosas que digo, nada mejor que acercarse a sus películas.

Así, en Boogie Nights encontramos un tema recurrente como es la paternidad difícil (la gran constante de su carrera), y una búsqueda de personajes y emociones a través del porno de los años setenta. Pero no sólo eso: bucea a través de una coralidad de individuos (otra de sus señas de identidad), jugando con los planos-secuencia imposibles (la firma de Anderson), los diálogos rápidos y encadenados (escritos por el propio PT) y consolidando una troupe de intérpretes que se han convertido en los acompañantes del director a lo largo de buena parte de su filmografía aún corta.

Si en Embriagado de amor vemos una propuesta diferente (una comedia romántica con Adam Sandler, aunque muy especial, eso sí), Magnolia nos remite a la médula del estilo Paul Thomas Anderson. Un ramillete de historias aparentemente inconexas van hilvanándose sin prisa, con cadencia (no en vano la peli dura tres horas), para hacer converger el relato a un clímax en el que salen a la luz todas las preocupaciones estéticas, narrativas y personales de Anderson. Y lo hace de la mano de actores y actrices acojonantes como Philip Seymour Hoffman, William H. Macy o Julianne Moore.

Su última película hasta la fecha, Pozos de ambición (esa traducción criminal del potente There will be blood), es una obra de mucha envergadura. A partir de una interpretación monstruosamente genial de Daniel Day-Lewis, Anderson compone una película seca, áspera, sin concesiones de ningún tipo, sobre la avaricia. Lo hace sin alardes, sin recurrir a los movimientos virtuosos de la cámara, ajustando la propuesta estética a la narración.

Parece que queda patente mi admiración por este tipo. Ahora sólo me queda una cosa. Bueno no, dos. La primera, preguntaros vuestra opinión sobre Anderson, y vuestra peli favorita suya. Y la segunda, que mi prefe es Boogie Nights

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5 respuestas a A vueltas con Paul Thomas Anderson

  1. Antonio dijo:

    No he visto Sidney, tampoco, pero le admiro, también. Y no sabría descartar una sola de sus películas, a pesar de que Embriagado de amor la vi en circunstancias deplorables, horas antes de que me inyectaran cortisona en vena. Magnolia me flipa, es de esas que ves y dices: “El cine, el puto cine, qué grande”. Y Pozos de ambición me parece una puta maravilla del cine contemporáneo.

  2. Jorge Torrico dijo:

    a mi lo que me tiene intrigado es cómo celebraste que PTA se haya puesto manos a la obra…eeeee, pillín??

  3. Jorge Torrico dijo:

    por cierto, veo que ya vas pillándole el royo a la portada, si sigues así me vas a hacer sentir orgulloso.

  4. Jolocho dijo:

    Reclamo más atención para Embriagado de amor. Su mezcla de códigos de género, la convierte en una rara avis fenomenal.

    He dicho.

  5. Pingback: Pozos de ambición: ladies & gentelman | Goles y Palomitas

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