Lo prometido es deuda. Hemos visto Sherlock Holmes 2: Juego de sombras. Expectativas colmadas amigos. A pesar de que la película, como todas las que son buenas, tiene varios niveles de lectura, el más superficial es a su vez el más efectivo, y el que más consigue lo importante en este tipo de producciones: llevar gente a la sala. Y eso, ¿por qué? Pues fácil: es un auténtico espectáculo audiovisual que tira de recursos para edificar una pirotecnia que satura los sentidos del espectador. Un mercado en el que se vende todo lo necesario para este tipo de eventos: explosiones, tiroteos, persecuciones, ritmo, ritmo y más ritmo. Y como el director es Guy Ritchie, la imagen está tratada. Y como el protagonista es un golfo como Robert Downey jr. nos echamos unas risas muy acordes al tono irónico que planea por todo el metraje.
Hay dos palabras que definen la peícula: estilizada y apabullante. Empiezo por lo segundo: todo funciona en la película con un objetivo muy definido, que es abrumar al espectador. ¿Cómo lo hace? Una trama grandilocuente, unas secuencias que se suceden unas a otras sin descanso, personajes que no paran de hablar y de actuar, cantidades ingentes de información tanto a nivel audiovisual como a nivel narrativo. Una planificación basada en montaje epiléptico que apuesta con frecuencia por lo alterno, cámara absolutamente loca, planos y ángulos que van y vienen, sonido que no da tregua. En definitiva: no dar tregua a quien la ve. Bum, bum, bum. Me gusta.
Pero claro, Ritchie no es un cualquiera. Piensa qué hacer con una imagen. El ejemplo perfecto: la persecución por el bosque en la frontera franco-alemana. ¿Qué habría hecho Michael Bay? Tiros, muchos tiros, muchísimos más tiros, bombazos, megabombazos, un par de cambios de plano y tirando. Ritchie juega con zooms, con cámaras lentas, con saltos de eje, con amplificación del sonido, con el mutismo, con aceleraciones. Estiliza la imagen, potencia la narración, abruma al espectador. Por supuesto, funciona. Nada escapa al manierismo exagerado de la mirada de Ritchie: texturas, gamas cromáticas, profundidades de campo, enfoques y desenfoques, fueras de campo.
Ese doble concepto que, en realidad, trabaja en el mismo sentido, tiene representaciones claras en las ciudades que sirven de escenario. Y las secuencias de acción, que son brillantes de cojones. Y claro, cuando el material de partida es el enfrentamiento entre dos genios nacidos de la pluma de Conan Doyle como son Holmes y Moriarty, es imposible que alguien como Guy Ritchie deje pasar la oportunidad de hacer una relectura a su manera del duelo (evidentemente, catarata de Reichenbach mediante). Y la aparición del poco conocido pero divertido hermano del detective, Mycroft Holmes.
Y, cómo no, Sherlock Holmes es Robert Downey. O viceversa. Poco más se puede decir de una interpretación que pertenece al mismo tipo que la de Johnny Depp y su Jack Sparrow: una creación tan implicada, que liga tanto personaje y persona, que es imposible separarlos. ¿Y quién querría hacerlo? Yo no, desde luego. Y cuando veais la película, estoy convencido de que vosotros tampoco…


Mira que a mi la primera no me gustó nada de nada, en absoluto. Pero vamos, tal y como pintas esta nueva entrega…habrá que ir a verla ¿no?
esta película está entre mis favoritas… un total y absoluto deleite y encima la vi con Jose ejejee