Queridos amigos, yo era alguien a quien le gustaba mucho todo el tinglado de los premios cinematográficos: me tragaba los Goya, trasnochaba para ver los Globos de Oro y los Oscar, me estudiaba las crónicas de los festivales. Ahora lo sigo haciendo, pero una cosa ha cambiado: lo hago porque es mi curro. Y acostarte a las tantas viendo los Goya, para levantarte pocas horas después con la sana intención de seguir hablando de nuestros queridos cabezones, en fin…Pero ahora viene lo mejor: cansado y ojeroso, había quedado para ver ese mismo día Mi semana con Marilyn. ¿Con quién? Con alguien más cansado y ojeroso que yo (es lo que tiene currar a pie de alfombra roja): Gabriel García Calzado, amigo y compañero. Así que después de currar, nos fuimos a ver la peli. Para narices las nuestras…
Antes de entrar en la sala de proyección, una cosa básica: cafeína en vena. Mientras nos tomamos un café y una refresco, nos dedicamos a contarnos lo bien que iría el mundo si nosotros estuviéramos dirigiéndolo. Razón no nos falta, sobre todo si tenemos en cuenta que la charla la tenemos yo en camisa y él con una bufandita de bohemio (parece que le he interrumpido escribiendo unos versos), pero bueno. Apuramos las bebidas y nos vamos a ver la peli, con un miedo innombrable en el cuerpo: dormirnos durante la proyección. Y lo que es peor, roncar.
Pero no, no nos dormimos. Lo cual es un verdadero tanto a favor del film. ¿Por qué no nos dormimos? Porque tiene un buen ritmo, porque los entresijos del rodaje de El príncipe y la corista están narrados de forma amena, porque el montaje es picadito (sobre todo en el primer acto) y entretenido. Y por una razón doble relacionada con el personaje protagonista: a) es una especie de biopic en miniatura de un mito, y eso mola; b) el mito está interpretado por Michelle Williams realmente bien. Y, claro, Gabri y yo comprendemos al bobo que se pirra por los huesos de Marilyn Monroe.
Mi semana con Marilyn es Michelle Williams, para lo bueno y para lo malo. Para lo bueno: porque su trabajo es genial, porque es una chica con encanto, y porque tiene una voz aguda que seduce. Durante esa hora y media, ella es Marilyn Monroe, y a mí me encanta poder ver, aunque sea así, a esa leyenda en pantalla grande. Para lo malo: porque la peli no es demasiado memorable si no contamos la labor superlativa de Williams. Sí, Kenneth Branagh está bien haciendo de Laurence Olivier. Y la historia es fluida, y sí, insisto, entiendes al joven prota colgado por Marilyn. Ah, y sale la que hace de Hermione Granger. Pero todo eso no deja de ser un ornamento muy bueno para lo que importa: la actriz protagonista.
Si yo fuera uno de esos académicos viejunos que tienen en sus manos la posibilidad de votar en los Oscar, lo tendría claro: Williams es la mejor actriz del año. Perderá frente a Meryl Streep ( a la que dan más secuencias para lucirse en su peli sobre Margaret Thatcher) o Viola Davis (que también es buen actriz). Pero a mí siempre me quedará Marilyn. Y a Gabri también.


Gran post Jose, también ha sido picadito y con ritmo, entretenido de leer
Casi hasta me dan ganas de ver la peli, que así a priori no me llama demasiado.
Buen post! La verdad es que a mí tampoco me atraía mucho verla, pero me ha parecido interesante – de lo poco que he podido ver y leer – el trabajo que ha hecho Michelle Williams sobre todo un mito.
Por mucho que la tal Michelle Williams me parezca la hermana guapa de Renée Zellweger. No hay manera. Es la versión travesti de Marilyn Monroe.
Me ha encantado este post!
Un verdadero placer compartir contigo el visionado de ésta película, que a mí me gustó mucho la verdad. Michelle Williams impresionante¡
Más post crónica a lo Boyero¡¡¡ XD
Fdo.
Gabri, el bohemio de la bufanda