Revenge: la venganza de Amanda Clark, primera tanda

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Aprovechando su reciente emisión en España a través de Telecinco, y en medio de uno de esos parones de emisión que tanto les gustan a las cadenas estadounidenses como estrategia para enganchar a más espectadores y hacer sus producciones más longevas, analizo la primera tanda de episodios de Revenge, 16 capítulos que han servido para atraer a suficientes espectadores como para confirmarse una segunda temporada.

A pesar de tratarse de una serie con gran capacidad de ser un producto mainstream de entretenimiento para un grupo demográfico muy amplio, de su evidente calidad (ABC: PerdidosCinco Hermanos, Mujeres Desesperadas, Modern Family…), de contar con su protagonista nominada a los Globos de Oro de este año por su papel en la serie, Telecinco, en una alarmante falta de inteligencia, programó esta serie de gran factura relegándola a un horario tan imposible como es el domingo por la tarde y sin apenas promoción, fracasando sin remedio. Y es que sólo hay que echar un vistazo a sus programas de prime time para confirmar que vivimos en un país en el que es primordial hacernos lo más estúpidos posible.

Dicho esto, vamos a recorrer esos primeros 16 capítulos, apuntando en su tono, en su factura, en sus intenciones y en sus referencias. Es prácticamente imposible hacer una sinopsis del argumento y desarrollo de esta serie sin revelar  hechos sorprendentes de su trama, así que trataré tan solo de resumir la situación inicial de sus personajes, ya que a partir de ahí, el argumento se convierte en un polvorín que va explotando por todos lados, y cuya mecha avanza rápidamente entre todos los peones del juego que son estos personajes.

Situémonos en el verdadero inicio de la historia: David Clarke (James Tupper) vive feliz como padre de Amanda Clarke (Emily VanCamp de adulta) en los Hamptons, una de las áreas más elitistas del mundo, un entramado de mansiones desproporcionadas a poca distancia de Nueva York, donde se concentran las primeras o segundas residencias de algunos de los hombres (y las mujeres) más poderosos del mundo. Esa felicidad se ve quebrada el día en que de pronto es detenido, juzgado y declarado culpable de un delito de terrorismo, que hizo que un avión cayera del cielo y matara a todos sus ocupantes. Es encerrado en la cárcel y posteriormente muere. Desde el principio suponemos su inocencia, y concluimos que no sólo le robaron su libertad, sino también toda su vida y sobre todo, su honor, pues David Clarke se convierte de alguna manera en uno de los hombres más odiados de América.

Su hija Amanda por supuesto sufre las consecuencias de la desaparición de su padre, quedando totalmente huérfana y desprotegida, pasando de orfanato en orfanato. Con el paso de los años, descubre la verdad sobre su padre (no explico cómo lo hace ya que es uno de los puntos fuertes de la intriga), y regresa a los Hamptons y a su antiguo hogar con una nueva identidad, la de Emily Throne, dispuesta a vengarse de aquellos (muchos, amigos) que le dieron la espalda a su padre, declararon contra él, y provocaron su desaparición en un elaborado plan para crear un cabeza de turco. En esa venganza Amanda/Emily, planea destruir sus vidas, sus carreras y su reputación para hacer justicia por su vida robada. Un objetivo primordial de su plan será Victoria Grayson (Madeleine Stowe), apodada por todos como la Reina de los Hamptons, vecina y antigua amante de su padre, y una innata manipuladora emocional y social, capaz de cualquier cosa por conseguir lo que quiere y mente pensante de todas las barbaridades que suceden en ese perfecto universo cerrado que es los Hamptons.

Alrededor de estos dos personajes clásicamente antagonistas pivotan otros como la familia de Victoria: su marido Conrad Grayson (Henry Czerny), despiadado hombre de negocios, sus dos hijos Daniel (Joshua Bowman) y Charlotte (Christa B. Allen), el primero como pijo desorientado con problemas para contenerse cuando bebe, y la segunda una adolescente precoz con serias carencias afectivas; Ashley (Ashley Madekwe), la asistente personal de Victoria y mejor amiga de Amanda/Emily; Nolan Ross (Gabriel Mann), un joven multimillonario claramente inspirado en Mark Zukerberg y cómplice de -alguno- de los planes de Amanda/Emily; o Jack (Nick Wechsler) y Declan Porter (Connor Paolo), hermanos propietarios de un bar local pero sin una cuenta corriente como la de sus clientes, y además, el primero, antiguo mejor amigo -y probablemente- primer amante de Amanda/Emily.

Estas son las principales piezas del juego, pero más adelante irán aparienciendo más objetivos de la venganza de la protagonista, otros que le dificultarán el camino (como el mejor amigo de Daniel, el guardaespaldas de los Grayson, o la auténtica Emily Throne), pero el plan de Amanda Clarke seguirá adelante sin importar a quien aplaste por el camino.

Varias son las virtudes de esta serie, un culebrón que no disimula lo más mínimo sus intenciones de entretener con la odisea de Amanda Clark, en el que el principal potencial del interés se encuentra en los retorcidos giros de guión que presenta el desarrollo de esa venganza. Pero por suerte, y tal vez por el hieratismo de sus dos protagonistas principales, esos giros nunca son demasiado previsibles, quedando así intacta la capacidad de sorpresa de los capítulos siguientes. En las notas de producción de la serie, se dice que esta se inspira libremente en El Conde de Montecristo de Alexandre Dumas, por aquello del elaborado plan de venganza del protagonista, pero las influencias de Revenge son muchas más: desde series recientes que también han retratado las altas esferas de la sociedad americana y sus peligros (Orange County, Gossip Girl), a culebrones de toda la vida (Dinastía), pasando por el uso del suspense en general (Mujeres Desesperadas) y llegando hasta películas como Kill Bill.

Pero lo que hace que Revenge sea algo más que las referencias que no disimula, es que huye de caer en la aparente superficialidad de alguno de esos referentes, gracias a unos guiones construidos con mano férrea. Vamos a ver: esta serie no pretende inventar nada nuevo, y ella misma y sus creadores son conscientes de que lo que ofrecen es un entretenimiento despreocupado y lujoso (los decorados son espectaculares, el vestuario está acorde con la clase social que retrata, e incluso ambos van mejorando conforme avanza la serie, puede que por un presupuesto más holgado), pero con el acierto de la decisión de articular cada capítulo en torno a un soberbio y trascendente concepto, con peso suficiente como para que la posible frivolidad de los ambientes y las personas que retratan no ahogue el poder del misterio de su historia. Esas palabras, esas grandes ideas, son los títulos de cada episodio: Confianza, Engaño, Duplicidad, Culpa, Intriga, Farsa, Traición, Sospecha, Lealtad, Coacción, Infamia, Compromiso, Percepción, Caos, Escándalo, Duda, Justicia, Absolución, Legado, Temor, Venganza.

Cada episodio, abre y cierra con una reflexión interna de la protagonista, muy al estilo de las narraciones de Mary Alice en Mujeres Desesperadas, en torno a esos conceptos, y el argumento de sus minutos gira en torno a todos ellos, pero nunca cerrando las tramas, sino abriendo nuevos caminos. Pronto se acaba la narrativa autoconclusiva de la serie, y esta se convierte en un parque de atracciones de giros, traiciones, revelaciones y secretos escondidos. La capacidad, entonces, para mantenerte enganchado a la serie es infinita.

Pero como toda gran serie, esta no funcionaría si no tuviese unos personajes interesantes que te guíen en ese viaje. Y aquí los hay. Aunque hay alguno que no es capaz de escapar del arquetipo (Jack & Declan, Charlotte…), todos ellos están lo suficientemente bien definidos como para despertar el interés. Es curioso señalar también la astucia y la inteligencia que tienen todas las mujeres de la serie y lo manipulables que son todos los hombres (excepto uno de ellos, que curiosamente es bisexual). Toda una declaración de intenciones…

Pero lo mejor de Revenge, aparte de sus guiones y localizaciones (al fin y al cabo, la serie se desarrolla en un paraíso de multimillonarios, que brilla con luz propia), son sus dos protagonistas. Emily VanCamp da un giro al personaje de heredera inesperada que tenía en esa serie tan reivindicable (y perfecta en sus actores y guiones) que fue Cinco Hermanos. Su interpretación de Amanda Clark/Emily Thorne es una joya de contención, pues la frialdad de su venganza ha sobrepasado sus objetivos y se ha apoderado de ella. Es una persona gélida a la hora de mostrar sus emociones, que miente y engaña en cada minuto en pantalla. Una caja de sorpresas con la capacidad destructiva del ser más inteligente de todos. Es un prodigio ver como esta actriz oculta unas emociones poderosas y muestra unas estrategias tan claras. Ha creado un personaje de definición meridiana, una protagonista de la que no dejamos de descubrir cosas, un gran trabajo, en definitiva.

Su antagonista, es Victoria Grayson, o sea, Madeleine Stowe. El otro gran aliciente de Revenge. Después de una carrera con trabajos tan buenos como The Two Jakes, El último Mohicano, Vidas Cruzadas (por la que ganó una Copa Volpi y un Globo de Oro), Doce Monos o Jugando con el Corazón; Stowe se convirtió en otra actriz más que al superar la barrera de los 40 años, se vio abocada al ostracismo. Es cierto que las operaciones quirúrgicas a las que se sometió no ayudaron demasiado. Pero su regreso con Revenge es un verdadero placer. Su físico se ajusta al del personaje, pero lo verdaderamente reseñable de su actuación es lo que impone su presencia. Su retrato, cargado de sarcasmo, de esa gran dama de la alta sociedad que es Victoria Grayson, tiene la capacidad de provocar verdadero pavor, pero también de encender compasión por ella. Al fin y al cabo es una enamorada. Pero también es una arpía manipuladora, una mujer que mueve a todos los que le rodean como si fuesen marionetas, por conservar su privilegiada posición social. Una víbora dominante en un nido de serpientes, que conseguiría hacer un cara a cara ajustado con otros mitos del género (como Angela Channing). Cada palabra, mirada y media sonrisa de Victoria/Stowe, es un hachazo en el espectador. Y esta es otra de las razones por las que esta serie engancha como lo hace.

Una vez vistos estos 16 episodios de la primera parte, y teniendo en cuenta lo sinuoso de su desarrollo, sé que la serie no va a decaer de aquí en adelante. Los guionistas tendrán que estrujarse las ideas para mantener el nivel de intriga de lo que hasta ahora hemos disfrutado. Pero si lo consiguen, y manteniendo a dos personajes tan superlativos como los de Stowe y VanCamp, Revenge seguirá por buen camino. Una pena que los programadores españoles, y por ende, muchos espectadores, no lo sepan/puedan disfrutar.

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