Hoy se emite en Cuatro el último capítulo de House. Tras ocho años (con sus ocho temporadas) echa el cierre una de las series que empezó a empujar a la gente hacia la ficción serial producida en Estados Unidos, en esto que se ha dado en llamar la Edad de Oro de las series. De acuerdo, House no es Los Soprano, ni es The Wire, ni Mad Men. Pero fue una de las primeras series que nos llegaron a nuestros canales en abierto con unos estándares de calidad y (cierta) transgresión que no se habían visto por aquí. Este trasunto del detective Sherlock Holmes en un hospital ha dado unos contenidos de calidad (con altibajos, por supuesto) durante un porrón de tiempo. ¿Qué mejor entrada a las series que este procedimental que, aspirando al pelotazo de audiencias, ofrece talento narrativo y estético?
El doctor Greg House es el antihéroe más carismático que un servidor ha tenido el placer. Sobre él gravitaba toda la narrativa de la serie. Todo estaba planteado para comprobar cómo el particular médico encaraba cada situación. Por ello, House, además de un investigador de misterios (en este caso casos imposibles), era una guía de comportamiento sometida a las exigencias dispuestas por los guionistas a lo largo de toda la serie. Se esperaba cuál sería su reacción en respuesta a: la muerte, conflictos con la religión, discusiones morales, temas políticos, cuitas amorosas. Para todo, House tenía una respuesta.
Esa trazada del relato era posible gracias al perfectamente delineado balance entre el omnipresente protagonista y unos secundarios de lujo (por sus intérpretes y por lo bien construidos que estaban): las personas que formaban parte de su equipo, su mejor amigo y su jefa y objeto amoroso. Qué bien se vio que esa era la clave de la serie cuando la directora del hospital Lisa Cuddy desapareció en la última temporada, debido al abandono de la actriz que la encarnaba. El procedimental podía cansar, pero el entramado de personajes de House es de lo mejorcito que se ha podido ver en la pequeña pantalla.
Aquí me paro. Dejo el vídeo de la promo de Cuatro, una mezcla cojonuda entre Rammstein y el buen doctor, treinta segundos que se merecen un análisis semiótico en toda regla. Larga vida a House…


Pssss, el vídeo regular. Y el procedimental es lo que me hizo aborrecer esta serie. Pero entre sus méritos destaca que puedes verte cualquier capítulo en cualquier momento y disfrutarlo a tope. Desde los gags del misántropo doctor hasta las líneas de diálogo de cualquier personaje, que suelen estar muy trabajadas.